Máximo Gómez Báez

Monumento a Máximo Gómez Báez en la Habana, CubaGuerrillero y Dirigente Militar de los Independentistas Cubanos

Máximo Gómez Báez nació en Baní, provincia de Peravia en la República Dominicana. Su infancia y adolescencia las pasó en su tierra natal en República Dominicana. A los 16 años Gómez se unió al ejército dominicano en la lucha contra las invasiones haitianas de Faustine Soulouque logrando obtener el grado de alférez. Luchó con las tropas anexionistas en la Guerra de Restauración Dominicana.

Dirigente militar de los independentistas cubanos (Baní, República Dominicana, 1836 - La Habana, 1905). Destinado a la carrera eclesiástica, cambió ésta por la de las armas al producirse la invasión de Santo Domingo por Haití en 1855.

En 1865 pasó a Cuba y se unió al movimiento nacionalista contra la dominación colonial española. Cuando estalló la primera guerra por la independencia cubana, la guerra de los diez años (1868-78), Gómez luchó junto a Céspedes, ascendiendo gracias a su experiencia militar hasta obtener el mando sobre las fuerzas de la provincia de Oriente.

Allí implementó una eficaz táctica de guerrillas que le dio el control de la región, pero en cambio fracasó en su campaña para invadir la mitad occidental de la isla (1875). Acuciado por disensiones internas, abandonó Cuba poco antes de firmarse la Paz de Zanjón (1878). Refugiado en Honduras -donde fue nombrado general del Ejército- apoyó un nuevo intento de insurrección en Cuba, que también fracasó (la Guerra Chiquita de 1879-80).

En 1892 llegó a un acuerdo con José Martí y Antonio Maceo para organizar una nueva insurrección, de la que Gómez sería jefe militar. Muerto Martí al comienzo de la Guerra de la Independencia (1895-98), Gómez y Maceo dirigieron la ofensiva rebelde desde el este hacia el oeste de la isla (1895-96); pero fueron derrotados por la enérgica política con la que respondieron los españoles bajo el mando del general Weyler.

Máximo Gómez Báez Monumento a Máximo Gómez Báez Máximo Gómez Báez

La muerte de Maceo (1896) dejó solo a Gómez al frente del movimiento, de nuevo confinado a la lucha guerrillera en las montañas orientales. A pesar de su débil posición militar, se negó a todo compromiso con los españoles, rechazando el plan de autonomía que ofreció el gobierno Sagasta (1898).

La intervención de Estados Unidos vino a expulsar a los españoles de Cuba en 1898 por la fuerza de las armas; y la nueva República independiente tuvo en Gómez a su héroe nacional, encarnación de la lucha revolucionaria. Sin embargo, Gómez entró en conflicto con los nuevos dirigentes políticos y con el gobierno de intervención norteamericano, y dimitió del mando del Ejército.

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